Asistentes: Josetxu, Edu y Nesss
Ya camino de la sidrería, tras Oialume-Zar y Zelaia, comenzamos la subida (es la primera vez que lo hacemos de día). El riachuelo junto al camino recuerda a Edu que se mea desde hace rato. En el tramo final arf-arf, Josetxu demarra que no le seguirían ni Bahamontes ni Pantani en bici, ¡y el tío se pasa Oyarbide y gira hacia Sarasola! ¡Para, Forrest, para! A la izquierda de la entrada, nos sorprendemos al ver algunas mesas en terraza. Al lado de la parrilla, a la sombra, nos alegra MUCHO ver a Sebastián, sentado y todo sonriente.
Para empezar a comer, 3 trocitos de chorizo cocido a la sidra, una tortilla de bakalao grande y jugosa, y 3 trozos de bakalao normalitos cubiertos de pimientos verdes, tras lo cual les pedimos el habitual tiempo muerto hasta la txuleta, para beber sin prisas hasta que les avisemos. Llegado el momento, llega un primer txuletón que sacan ya cortado pero no por ello menos rico (Josetxu se encarga de roer el hueso hasta los tuétanos); tras un rato observando nuestra txuleta reposar cerca de la parrilla, Edu se compadece de ella y da el ok a la joven parrillera para que la echara al fuego, indicando que saliera sin cortar, siendo similar en sabor a la primera (esta vez se encarga Nesss de roer hueso). Por cierto que los 15' para hacer la txuleta que nos dijeron, clavaos. De postre, unos triángulos de queso, un poquito de membrillo, 3 canutillos (que sirven para mandar una foto y dar envidia a Celia), y nueces. Total, 126 € (42 € cada). Menos calidad y cantidad (en el postre) que el viernes pasado (que fue excelente, pero tambien algo mas caro) pero consideramos que mantienen una buena relación calidad-precio, sobre todo por la actitud y simpatía del personal.
Como éramos casi los únicos dentro de la sidrería (qué bien se estaba a la sombra) hubo mucha charleta con el txotxero, sobre tiempos pasados y presentes, pre y postcovid. Predcisamente por la pandemia es cuando pusieron las mesas de la terraza (que hoy está ocupada por gabatxos, que bebían en jarras... pffff). Más cambios: ahora ayudan las dos jóvenes hermanas de la tercera generación (una sirviendo mesas y otra con la parrilla). La sidra está rica y es fácil de beber, y así lo hicimos acudiendo a inmunerables txotxes en distintas kupelas (¡y estas sí son de madera de verdad, por fuera y por dentro!). Nos enseñan la nueva escalera a la zona de abajo, que ya no es metálica sino de madera, y por tanto menos peligrosa al mojarse. Nos confirman que la cercana Sarasola, tras la breve experiencia china, cerró definitivamente. También hubo buenas charlas junto a la parrilla, con Sebastián, su hija y las nietas parrillera y camarera (son tía y sobrinas); curioso el empleo que la parrillera daba a la pala para gestionar las brasas, conviene llevarse bien con ella. El pesao que tanto se meaba fue el último en ir al baño de los tres, y eso que bebimos pero bien.
Tras pagar, nos hacemos la foto de "abuelos en la parada del bus" con Sebastián, y nos despedimos de las tres generaciones. No fuimos los primeros en llegar, pero sí los últimos en irnos.